Ciudades
3 días en Praga
Los siglos no han sido suaves con Praga, una ciudad con perfil de cuento de fantasía, donde la historia acecha entre las piedras de la calzada. Descubra los encantos de una de las más bellas capitales de Europa en una escapada de 3 días y déjese envolver por su historia, originalidad y memoria.

1º día: Historia

Castillo de Hradcany

La región de Praga atrajo a grupos humanos desde el Paleolítico y fue sede de varias tribus germánicas y celtas. La ciudad propiamente dicha ha sido establecida alrededor del siglo X. Estamos ante una ciudad constituida por capas y capas de historia y tal queda claro cuando contemplamos el castillo Hradcany: este complejo de edificios empezó a construirse en el siglo XIII pero sólo quedó concluido siglo XX. Es la metáfora perfecta para una ciudad en constante evolución. Uno de los edificios más destacados en el castillo es la Catedral de San Vito, un impresionante ejemplo de arquitectura gótica. ¡Pero esta es sólo una de las joyas de la corona de Praga!
Puente Carlos y Monasterio Strahov

El Puente Carlos, sobre el río Moldavia, de 16 arcos y flanqueado por 30 estatuas barrocas, es otro ex-líbris de la ciudad y parece haber sido construida pensando en encuentros y desencuentros románticos. La ciudad vieja (Staré Mesto) es quizás el primer lugar donde el visitante coloca el pie y siente un poco del alma de esta metrópolis: rodeado por la belleza del Palacio Kinsky, la Catedral Tyn y la Iglesia de San Nicolás, e hipnotizado por la danza de los 12 apóstoles en el reloj astronómico al golpear cada hora, se deja caer en el hechizo de este lugar único. Los amantes de los libros y las bibliotecas deben seguir rumbo al Monasterio Strahov y, más específicamente, a su biblioteca, pues no todos los días podemos estar rodeados de 280 mil libros y algunas preciosidades únicas en el mundo, como la edición cubierta por piedras preciosas Evangelios.
2º día: Originalidad
Animales exóticos y música

Praga parece siempre fue amante de novedades e innovación. Por ejemplo, el emperador Rudolfo fue uno de los primeros monarcas europeos en cultivar una numerosa y diversa mezcla de animales exóticos (con leones a habitar durante algún tiempo el castillo), antepasado de los primeros Jardines Zoológicos. Y a pesar de una rica tradición musical propia, la ciudad acogió con los brazos abiertos el jazz llegado a Europa en el período entre las dos guerras; todavía esta noche es punteada por pequeños y grandes clubes dedicados a este género americano que parece haber encontrado aquí una segunda morada, sin hablar de la recién llegada fiebre del swing, lindy-hop y boogie woogie.
La Nueva Praga

Para conocer la nueva Praga rumen a barrios residenciales, como el de Vinohrady, y observe los excepcionales ejemplos de arquitectura art nouveau, pseudo-barroca y neo-gótica. Esta era una zona de viñas y rosales que sólo más tarde se rindió a la habitación. El barrio 'it' de Praga es Zizkov, donde estudiantes, artistas y músicos crearon un ambiente bien relajado con calles espolvoreadas de cafés, pubs y galerías. Es también el lugar indicado si desea hacer compras además de los tradicionales suvenires del cristal de Bohemia, porcelana Goebel, huevos de pascua pintados a mano o marionetas; aquí el mote es vintage y singular, acompañado de una cerveza artesanal.
Malá Strana

También queda a merced de una visita al barrio Malá Strana, donde puede conocer la Iglesia de San Nicolás y el Palacio Wallenstein. La arquitectura barroca data del siglo XVI, pues un incendio destruyó la mayoría de las viviendas en esa época. En la cima del Monte Petrin se encontrará con dos agradables sorpresas: un laberinto de espejos, exuberancia del siglo XIX que hace adultos y niños sentirse en un libro de Lewis Carroll, y la Torre Petrin que, con 63 metros de altura, puede ser más baja que la Torre Eiffel (en la que fue inspirada) pero que ofrece panoramas que justifican bien la subida de 299 escalones.
 

3º día: Memoria

Museo Judío de Praga y Cementerio Judío

Recordar el pasado para no repetir sus errores: todos conocemos la expresión. Aquí, recordar es también una forma de conocer mejor esta ciudad. El Museo Judío de Praga fue creado a principios del siglo XX para preservar artefactos de las sinagogas demolidas en el Antiguo Barrio Judío. Durante la Segunda Guerra Mundial el museo recibió tal cantidad de objetos rituales de grupos de todo el país que fueron necesarias decenas de almacenes para acondicionarlos. De esta forma, el Museo Judío acabó siendo un repositorio no intencional de la destrucción de estas comunidades por el régimen Nazi. El Antiguo Cementerio judío es otro lugar que merece una visita. Debido a la prohibición de adquirir más terrenos, encontramos aquí unas estimadas doce capas de sepulturas y cerca de doce mil piedras de tumba trabajadas. En el Nuevo Cementerio judío, establecido a finales del siglo XIX, encuentra la campana del escritor Franz Kafka.
La Era del Comunismo

El Museo del Comunismo retrata otro período negro de la historia de la ciudad: durante los años en que gobernó este régimen, 200.000 checos fueron arrestados y muchos fueron muertos al intentar huir del país. Aquí encontramos la historia de los objetos de la vida cotidiana de esa época, testimonios de la propaganda, censura y campos de trabajo que vieron su fin con la revolución de terciopelo en 1989. También la Torre Zizkov es un testimonio de la época comunista de la ciudad: originalmente construida para interceptar señales televisivas del "occidente decadente", la torre está hoy convertida en un elegante restaurante-bar panorámico. Son 216 metros que prueban que Praga jamás se dejará derrotar por los momentos difíciles de la historia: celebrarlos sin olvidar nunca es punto de honor en esta ciudad sobreviviente.
Reserve ya su escapada a Praga!